Día 1 — Klaipėda: casco antiguo, paseos marítimos y ambiente portuario
🚶 Klaipėda es la ciudad más marinera de Lituania: compacta, ventosa, con un marcado carácter nordeuropeo y una agradable sensación de libertad junto al agua. Empieza la ruta en el casco antiguo, donde las fachadas de entramado, las calles empedradas, los patios con cafeterías y las huellas del pasado prusiano crean una atmósfera nada «capitalina», sino más íntima y viva. Aquí apetece especialmente caminar sin prisa: desde la Plaza del Teatro con la figura de Ännchen von Tharau hasta el río Danė, y luego junto al agua hacia los puentes levadizos, los yates y los antiguos barrios de almacenes. Klaipėda no impresiona por la cantidad de monumentos, sino por su ambiente: olor a mar, gaviotas, ladrillo antiguo, detalles de madera, cielo amplio y la sensación de que la ciudad existe en la unión entre la tierra, la laguna y el Báltico abierto.
🏛️ Si quieres entrar suavemente en la historia de la región, añade el Museo de Historia de la Lituania Menor o el Museo del Castillo de Klaipėda. Ayudan a entender por qué esta zona es tan distinta del resto de Lituania: aquí se entrelazan las tradiciones lituana, alemana, curonia y memeliana, y la propia Klaipėda fue durante siglos un importante puerto y ciudad fronteriza. Al atardecer merece la pena salir a los paseos del Danė y cenar en el centro sin planear nada demasiado intenso: después del viaje es mejor guardar energías para el istmo de Curlandia, porque la verdadera magia del viaje comenzará ya al día siguiente.